
No me alces la mirada, no quiero verte la cara. Tanto sentimiento alocado hace que me duela el alma. Todo lo que me rodea me produce tristeza. El abatimiento del corazón es una pesada carga que ni el omnipresente tiempo lo sana. Me siento harto de la vida, cansado del mundo, asqueado de la gente que me mira. Cualquier objeto, cualquier palabra me produce bilis y se me atraganta la vida desprotegida y desamparada.
Tu recuerdo, tu recuerdo aparece por doquier. Cierro los ojos y allí te veo, los abro y te vuelvo a ver. Intento odiarte por muchas cosas justas y un millar de cosas más que ni yo mismo me puedo hacer entender. Todo es en vano, no puedo hacer nada, la impotencia es un arma mellada que me tortura de forma desenfrenada.
El recuerdo de haberte tenido hace odiar mi vana existencia desnuda de tu presencia.
Sin fortuna en mis incorrectas decisiones el arrepentimiento es fútil, pues el paso del tiempo hace abrupta la vuelta hacia donde me encontraba encadenado a tu amor. Ahora tan acompañado de la nada y con la libertad del abandono no soporto las miradas.
No soporto tu presencia, no soporto que me leas y odio a la dicha enamorada. Si pudiera romper las sonrisas en los rostros cariñosos, con rencor me desgarraría el pecho para lanzarte a la cara mi espinado corazón. La sinrazón me inunda el anegada alma. No te confundas no son celos, es antipatía por mi decisión de aparente fundamento. No te confundas no soy antipático, simplemente muy a mi pesar, sigo enamorado sin tener que estarlo.
Tu recuerdo, tu recuerdo aparece por doquier. Cierro los ojos y allí te veo, los abro y te vuelvo a ver. Intento odiarte por muchas cosas justas y un millar de cosas más que ni yo mismo me puedo hacer entender. Todo es en vano, no puedo hacer nada, la impotencia es un arma mellada que me tortura de forma desenfrenada.
El recuerdo de haberte tenido hace odiar mi vana existencia desnuda de tu presencia.
Sin fortuna en mis incorrectas decisiones el arrepentimiento es fútil, pues el paso del tiempo hace abrupta la vuelta hacia donde me encontraba encadenado a tu amor. Ahora tan acompañado de la nada y con la libertad del abandono no soporto las miradas.
No soporto tu presencia, no soporto que me leas y odio a la dicha enamorada. Si pudiera romper las sonrisas en los rostros cariñosos, con rencor me desgarraría el pecho para lanzarte a la cara mi espinado corazón. La sinrazón me inunda el anegada alma. No te confundas no son celos, es antipatía por mi decisión de aparente fundamento. No te confundas no soy antipático, simplemente muy a mi pesar, sigo enamorado sin tener que estarlo.


